Dos especies, dos mundos. El arábica ofrece complejidad y dulzura; el robusta aporta cuerpo y cafeína. Te explicamos todo para que elijas con conocimiento.
Las dos grandes especies del café
Aunque existen más de cien especies de café, el 95% del mercado mundial se reparte entre dos: Coffea arabica y Coffea canephora (robusta). Entender sus diferencias te ayuda a comprender por qué el café de especialidad trabaja casi exclusivamente con arábica.
Arábica: complejidad y delicadeza
El arábica crece a mayor altitud (800-2.200m), produce un grano ovalado de gran complejidad aromática. Tiene menos cafeína (1-1,5%) pero mucho más azúcar y lípidos, lo que aporta dulzura, acidez brillante y un perfil de sabor con notas frutales, florales y de frutos secos. Es más difícil de cultivar y más caro.
Robusta: fuerza y resistencia
El robusta crece a menor altitud, resiste mejor las plagas y las temperaturas extremas. Tiene el doble de cafeína (2-2,5%), produce un sabor más amargo, astringente y terroso. Su crema es más densa, lo que lo hace popular en espressos de bar y mezclas comerciales.
¿Cuál elegiría Siglo de Oro?
Trabajamos exclusivamente con arábica de especialidad porque creemos que el mejor café es aquel que sorprende con su complejidad y se disfruta despacio. El robusta tiene su lugar en el mercado, pero no en nuestra concepción del café excepcional.
